De sobrevivir a vivir: el reto de Juan Dual en la Maratón de Canfranc-Canfranc
En Lurbel creemos que la resistencia no solo se entrena, también se vive. Por eso, pocas historias nos inspiran tanto como la de Juan Dual, un deportista valenciano que ha hecho de la superación su forma de vida. Diagnosticado con una enfermedad rara relacionada con el cáncer, Juan ha afrontado múltiples cirugías que le han cambiado el cuerpo, pero no el espíritu. Hoy, convertido en amante del trail running de ultra distancia, demuestra que incluso cuando la vida no te cuida en exceso, uno puede seguir adelante… si aprende a dejarse cuidar. Esta es su historia contada en primera persona.

¡Si la vida no te cuida en exceso, mejor que te cuiden!
Porque cuando el cáncer se dedica a hacer que te quiten el estómago, el intestino grueso y la vesícula biliar, la vida diaria no es sencilla. Así que los mimos son necesarios.
Me llamo Juan Dual, tengo 40 años, soy un valenciano que casi se ha muerto tres veces y que, gracias al deporte, la naturaleza y la ultra distancia, ha recuperado el control de una vida durísima en la que nunca he tenido un momento de calma.
Una vida de resistencia
No me ha quedado otra, desde que me diagnosticaron una enfermedad rara relacionada con el cáncer (poliposis familiar múltiple), que resistir a lo que me voy encontrando.
Sea con cirugías muy agresivas, o sea con el deporte de ultra distancia, que me ha dado cosas tan bonitas y una resistencia física y emocional para poder sobrevivir a los momentos duros que me encuentro cada día.
Por eso (y porque Lurbel y yo amamos nuestra Terreta), estábamos condenados a encontrarnos en las montañas —y en las calles de Valencia— para hablar, y sobre todo demostrar, la resistencia y la capacidad de protección de mi piel (y de la tuya) en cada salida a la naturaleza, con todos y cada uno de los tejidos diseñados y confeccionados en mi vecina Ontinyent.



Así me dejo cuidar
La mejor manera de dejarse cuidar, para mí, es salir al monte durante horas y disfrutar de los senderos más técnicos y complicados que encuentre. Las cosas como son.
Si la vida me lo ha puesto muy difícil con cada cirugía, pero he sobrevivido a todas, creo sinceramente que el mejor tributo que le puedo rendir al regalo de cada día es dar el máximo en todo momento.
Y eso se da, al dedillo, en las carreras de trail running, y más aún en la ultra distancia.

¡Y así es como terminé corriendo Canfranc–Canfranc de la mano de la familia Lurbel!
En un día maravilloso en las montañas del paraíso oscense, y en una carrera bien conocida por las variaciones de terreno y la amplitud térmica por estar en alta montaña, tener las mejores herramientas en cuanto a tejido… pues oye, iba a facilitarme un poco la dura faena de estar cerca de 10 horas dando un paseo largo de sábado.
Entrenar cada semana: fuerza, series, tiradas largas. Preparar la nutrición. Todo ese tipo de cosas son las que están de mi mano y que solo dependen de mí. Es mi responsabilidad. Una responsabilidad muy exigente, porque hay que ir bien preparado a una carrera tan salvaje como los 48 kilómetros con 3800+ de la Maratón de Canfranc–Canfranc.
Pero eh, que tu cabeza pueda descansar y no preocuparse de si tendrás frío en cotas altas, o si tus pies resistirán sin sudar, sin rozaduras ni ampollas… eso es una ayuda externa que descarga la responsabilidad a lo grande. Y se agradece mucho. Créeme.
Porque ya suficientemente dura es mi vida diaria como para, encima, terminar sufriendo ampollas, rozaduras o pasar frío por no tener buena equipación deportiva como la de Lurbel.
De esta manera, solo te tienes que preocupar de dar un paso tras otro. De llegar de un avituallamiento al siguiente. De dar abrazos a tu gente. Y, por supuesto, de llegar a meta para abrazar a tu equipo Lurbel y agradecerles facilitarte una tarea muy complicada: estar a punto de morir y dedicarte a correr muchísimo para motivar a la gente y recordarles que vivir es un regalo que hay que valorar.
